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| Dr Vazquez and Dr. Weill |
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| Laura Starr, Mary Martel and Dr. Dhillon |
Un equipo de primera categoría
Este nuevo año 2012 nos abre sus puertas lleno de regalos. ¡Son incontables los motivos que mi familia y yo tenemos para dar gracias a Dios! Pero sin duda alguna el regalo más grande fue la bendición de habernos traído (a Adrián y a mi) hasta California, a pocas millas del hospital de Stanford, donde sabíamos se encontraba uno de los mejores centros de transplantes del mundo. Y así, poner en nuestro camino al equipo de médicos que ha salvado mi vida… Con los doctores David Weill, Gundeep Dhillon y Kapil Patel a la cabeza, cada uno de los cirujanos, especialistas y enfermeras que integran el Equipo de Transplantes de Corazón y Pulmones forman parte de lo que nosotros (y cientos de miles de familiares y amigos) consideramos un verdadero milagro.
El milagro de mi vida, de esta nueva vida que empiezo a disfrutar, jamás hubiera sido posible sin la ciencia, la sabiduría, la experiencia, la destreza, la agilidad, el profesionalismo y los cuidados de cada detalle que estos médicos han puesto para que este triple transplante fuera exitoso. Y más allá de los cuidados médicos de un equipo de primera y excepcional categoría, sobresalen los valores y la calidad humana de cada uno de ellos.
Cómo no destacar el apoyo incondicional, el cariño y el verdadero interés que me han brindado durante todo este tiempo; o el hecho de haber sabido ver en mi no sólo a un paciente (un caso más) sino una persona, con ilusiones y preocupaciones, con ideales y metas por cumplir.
Desde el día que me ingresaron al hospital , Lisa Levin y Laura Starr (enfermeras coordinadoras del equipo) comenzaron a organizar todos los elementos necesarios para que se diera el transplante. Desde los primeros exámenes de compatibilidad de órganos o la comunicación continua entre mi familia, médicos y enfermeras; hasta el ultimo día que estuve en el hospital apelando por mí para que el seguro cubriera los suplementos alimenticios que debía llevarme a casa; Lisa y Laura siempre han estado a mi lado, apoyándome en lo que hiciera falta.
Cuando el Señor, que todo lo sabe, decidió que era el momento perfecto para el transplante, el Dr. Smith fue el cirujano que, con sus manos expertas, estuvo a mi lado durante las 12 horas que permanecí en la sala de operaciones. Y más adelante, cuando ya estaba en casa recuperándome, se sacaba el tiempo para encontrarme en mis visitas a la cínica y ver cómo iban cerrando y curando las incisiones; siempre con una sonrisa, sin importar si la noche anterior hubiera estado 12 a 16 horas haciendo otro transplante.
Durante y después del transplante, el Dr. Vásquez, la Dra. Mombasi y Mary Martel (enfermera manager) han estado conmigo, mano a mano, animándome y respondiendo cada pregunta, en cada paso y cada etapa del proceso de recuperación. Durante los 2 meses que estuve en cuidados intensivos hasta que pude regresar a casa, de día o de noche, sin importar la hora que fuese, eran ellos los que cuidaban cada detalle de mi salud y las decisiones que se iban tomando. Incluso ahora, si tengo algún problema o duda de que algo no marcha bien, son ellos los que contestan mis llamadas y me dan las sugerencias oportunas para seguir adelante; cuidándome como si fuese la única paciente que tuvieran.
En los 3 meses que estuve en el hospital perdí 25 libras y fue Erin Williams la nutricionista que ha cuidado de mi hasta verme fuerte, y que se alegra junto conmigo por cada libra que he ido ganando.
Otra de las piezas clave de este equipo es Tonia Gregory, la trabajadora social que nos ha dado todo su apoyo desde mucho antes que se iniciara el proceso del transplante. Ayudándonos a tener una idea más precisa de todo lo que conlleva un transplante de esta índole; consiguiendo traductores para mis padres, visitándome en el cuarto y asegurándose de que yo tuviera todo lo necesario para estar cómoda y contenta. Tonia se hizo cargo hasta los detalles más pequeños como escribir cartas a la aerolínea para que mi hermano Nelson no le aumentaran el precio por el cambio de pasajes, o para que Inmigración le extendiera el permiso de estadía a mi mami.
Una vez que me dieron de alta y pude regresar a casa, apareció en escena Ana Gloria, la enfermera que coordina todas las citas médicas, exámenes, pruebas y tratamientos que debo tener para que mi recuperación sea completa. Es ella quien está pendiente de que tenga las medicinas y las dosis adecuadas, de coordinar las citas con los especialitas que debo ver en ese momento (dentro o fuera de la clínica de transplantes), o transmitir mis dudas y preguntas al equipo. Ana se ha convertido en mi segunda mamá dentro del hospital.
Desde mis primeras visitas a la clínica, cuando Adrián y yo nos mudamos de Boston a la bahía de San Francisco y aun estaba muy lejano el momento del transplante; durante las semanas en el hospital esperando por el donante; en las horas críticas de la cirugía y recuperación en cuidados intensivos, hasta el post-operatorio ya en casa, he podido caminar si miedo gracias a un maravilloso equipo de médicos que Dios me ha dado, y que –mas allá del deber profesional- se ha hecho dueño y responsable de mi vida, tomando las decisiones acertadas para llevarme de la mano hasta la meta ofrecida.
No puedo dejar de ver el amor de Dios en la mano y el trabajo de cada uno de ellos; o Su misericordia en el trato amable, cariñoso, y en la generosidad y entrega de todo el equipo. Todos y cada uno de estos médicos se ha convertido en un verdadero amigo y compañero de camino… ¡Dios me los bendiga, porque se merecen lo mejor!
¡Que distinta fuera la vida si cada uno de nosotros se entregara de esta manera, a servir a los demás, olvidándonos de nuestras propias preocupaciones!
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| With Erin Williams, nutricionist, Verlene playing harp in my hospital room and Gissela Barreda. |
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| Dr Mombasi, Tonia Gregory, the social worker, and Dr. Dhillon |